
En las profundidades heladas del Ártico, un tiburón de Groenlandia podría estar celebrando casi 400 cumpleaños. Nacido alrededor de 1627 (época de la colonización europea en América), este depredador de 5 metros sigue nadando en 2026, según estimaciones científicas. ¿Su secreto? Mecanismos genéticos que reparan daños celulares y preservan visión por siglos, según avances publicados en 2026. Este «fósil viviente» no solo ostenta el récord de vertebrado más longevo: podría inspirar terapias anti-envejecimiento humanas.

El estudio fundacional (Science, 2016) dató por radiocarbono en lentes oculares un ejemplar de 392 ± 120 años → hoy ~399–400 años si aún vivo.
Madura sexual a los ~150 años; crece 1 cm/año; vive >500 m profundidad.
2026: Investigación en Nature Communications revela que sus ojos resisten envejecimiento (sin degeneración retinal, pese a parásitos y oscuridad extrema), gracias a genes de reparación ADN ausentes en especies cortevidas.
Implicaciones futuristas: ¿Podríamos «copiar» estos mecanismos para extender la salud visual humana o retrasar envejecimiento? Expertos ven potencial en biomedicina, mientras el cambio climático amenaza su hábitat ártico.

El tiburón de Groenlandia no es solo un animal antiguo; es un laboratorio viviente de longevidad extrema. Mientras la ciencia descifra sus genes, recordamos: en un mundo obsesionado con la eternidad, la naturaleza ya lo resolvió hace siglos.